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miércoles, 28 de febrero de 2007

Carlos Cervantes "El hombre de la calle"

Comenzar con un gran locutor, hombre de radio, pero también del teatro y de las letras. Carlos Cervantes que siendo español tomó a Bolivia como su patria de adopción. Fue Director de Radio Illimani que condujo con acierto y mucho de pasión. Entre los programas que Don Carlos tomó a su cargo, estuvo uno de opiniones muy escuchado y aplaudido "El hombre de la calle". Alguno de los que se nos grabaron para siempre, por la claridad de su pensamiento y la fuerza de su expresión. "No creo en las multitudes" que más o menos decía así. Fue una multitud que proclamó a Cristo en Jerusalén cuando entró montado en un borrico. Salve, hijo de David. Hosanna en el Cielo al que viene en nombre del Señor! Esa misma multitud estuvo frente a Poncio Pilato algunos días después y clamaba por la muerte de Jesús. Pilato quizo conmover a esa masa y mandó azotar a Cristo. Lo presentó de nuevo con los brazos atados a una columna. Al mismo tiempo, colocó al otro lado de la escena a Barrabás, un ladrón y criminal a quién presentó también a la multitud. A quién os suelto. A Cristo o a Barrabás? El gentío gritó a Barrabás. Y qué hago con Cristo?. Crucifícale! Crucifícale! fue a respuesta. Y Cristo fue crucificado.No creo en las multitudes. En aquella que estuvo reunida en la Plaza Murillo aclamando a Belzu que había vencido sobre Melgarejo. Melgarejo sintiéndose perdido, simuló darse preso y entregarse al vencedor. Abrir paso que Mmelgarejo se rinde y se entrega al Presidente Belzu. Se abrió paso, llegó a Palacio subió las gradas y Belzu que estaba en el balcón dio unos pasos para abrazar al tirano, en eso un tiro de fusil artero, derribó a Belzu y le provocó la muerte. Todos confundidos y silenciosos. Melgarejo salió al balcón hasta antes ocupado por "el Tata" y gritó "Belzu ha muerto, quién vive ahora?" Por ahí quedamente alguno replicó: Viva Melgarejo y el grito cundió. Esa multitud que proclamaba a Belzu, ahora daba vivas de nuevo al tirano Melgarejo. No creo en las multitudes, porque son traicioneras, volubles, cambiantes, actúan según la corriente, y no tienen memoria. Moraleja. No guiarse jamás por las multitudes, ni creer en ellas.
20 de febrero de 2007 13:39

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