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martes, 11 de septiembre de 2012

elogio a la doña titula Juan Leon Cornejo cuando se refiere a Cecilia Chacón y en verdad lo de Valiente y de Valores le queda de cajón. por su conducta. por su gesto. por su pensamiento.


Valiente y de valores,  doña Cecilia! Seguro que nunca la premiarán con una embajada. Dirán, más bien, que es pasa pasa. Que se subió al tranvía a último momento, dirán, por puro interés nomás. Para ser la primera ministra de Defensa de nuestra historia, para que miles de hombres se le cuadren, dirán. Seguro dirán qué zonza, ya nadie la saludará ni tendrá auto con chofer ni edecán que le abra la puerta y le dé el parte diario. Ahora no hay que saludarla. No la conozco, de dónde habrá salido, quién sería, hay que decir, por si acaso.
Pero honesta y de principios, había sido la Doña! Guapa para defender lo que cree, aunque no le convenga o no esté de moda. Aunque eso en estos tiempos parece difícil de entender, ¿nové?  Debe ser más bien porque a veces no conviene entender todo eso de ser consecuente, honesto y valiente, porque parece que es peligroso, en estos tiempos de cambio. A ver, digan nomás, ¿quién se atreve a decirle al Jefazo que está equivocado, cuando está equivocado? Te pueden dar de baja y dejarte sin pega. Y no vas a poder decir que eres “revolucionario de primera línea”, que te envidian porque luchas por los derechos humanos,  por  el medio ambiente, por los indígenas y por todo eso que suena bonito en los discursos ¿nové?.  Mejor nomás decirle siempre que tiene razón, que es muy macho, sabio, inteligente e infalible. Que los indígenas se pegaron solos, que los otros son mentirosos, que quieren hacerlo quedar mal, que les vamos a sentar “un precedente”, que les vamos a meter un juicio para que no sean metiches  y todo eso...
La cuestión es que ¡bien macho hay que ser, para hacer como la Doña!. Seguro que duerme tranquila, con su conciencia. Y en la mañanita se mira en el espejo sin ponerse colorada. Y les mira de frente y a los ojos a las gentes en la calle, aunque ahora nunca más le digan Ministra. Admirable, ella, que sabe que principios y valores no necesitan de auto oficial ni chofer. Grave debe ser, en cambio, eso de hacerse al desmemoriado, con cara de “yo no fui”, aunque uno haya dicho y hecho lo mismo que hoy critica y ataca porque ahora le conviene. Malo debe ser nomás, aunque le digan embajador y se haga el olvidadizo.  Porque seguramente tiene también que verse en el espejo todos los días, ¿nové?, aunque sea solito en el baño.

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