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miércoles, 23 de julio de 2008

primero de una serie de artículos sobre la tv boliviana


La televisión como instrumento político
Mauricio Aira

No se quiere aceptar que la televisión la radio y los otros medios oficiales son parte esencial del “public service” para informar de lo que ocurre en Bolivia y el mundo y contribuír a la formación de la opinión del ciudadano. El concepto que se impuso en el mundo entero no admite una traducción literal pero en todo caso es de servicio que debe ser ofrecido al margen de todo interés utilitario y comercial con objetivos concretos de difundir conocimientos, visiones y estímulos para la participación del ciudadano en el proceso democrático. Que de modo atractivo contribuya a la educación popular en un espectro muy amplio, responsabilizándose por el buen uso del idioma (o los idiomas) que hacen a la nacionalidad pluricultural y multiétnico. Capaz de entretener manteniendo los valores morales y éticos en lugar de degradarlos y que su oferta se dirija sin excepción a todos sus habitantes.

En lugar de atarse a una dirección secante, centralizada y dependiente la televisión debería transformarse en una empresa libre e independiente bajo una Ley de Radio y Televisión que otorgue los permisos de emisión bajo el amparo de la Libertad de Expresión.

Imposible cerrar los ojos a los cambios profundos que acusa la televisión en las últimas décadas provocados por la revolución tecnológica y la ideología al punto de haberla liberalizado y permitido que lo comercial rompiera la presión de trasmitir programas oficiales, no obstante ciertos estados europeos que financian su papel de servicio público mediante impuesto directo al usuario han creado entes, en el caso de Suecia una fundación que está formada por un directorio que lo integran los partidos políticos (con presencia en el parlamento y en proporción a la votación obtenida) los empresarios, las municipalidades y la Iglesia que tienen la misión de hacer cumplir los objetivos fijados y la coordinación de intereses de los actores de la comunidad.

Lejano el tiempo de un monopolio de la tv estatal, hoy debe competir con canales comerciales sujetos sin embargo a severas reglas especialmente en la difusión de noticieros. Se podría decir que “lo nacional” está siempre en la mira, sin exageraciones aunque en una línea firme para preservar la independencia y la neutralidad, conservando eso sí una visión positiva del desarrollo de los grandes acontecimientos en un mundo de globalización absorvente del que es imposible sustraerse.

La Dirección y un consejo operativo multidisciplinario asume conducción responsable de los programas y de la planificación conocida por el gran directorio que se reúne regularmente el cual ha suscrito un contrato con el Estado “para fortalecer los valores democráticos básicos y la imparcialidad”, aunque en la práctica importe una diversidad de puntos de vista sin presión alguna. El tratamiento de temas, opciones, oradores, actores políticos se ha modernizado y lo interesante es la controversia y debates entre opositores y oficialistas en el marco del respeto a la idea ajena, aunque sin ahorrar la crítica incisiva. Fuera del período electoral el debate propiamente político se reduce dando preferencia a los temas puntuales, la economía, el deporte y los espacios tradicionales de arte, cultura y entretenimiento que se esmeran en modernizar y mejorar con derroche de recursos. “Más espectadores, menos contenido” es la consigna que no ha variado junto a “mantenerlo ligero y en movimiento”. La tv comercial no puede simplemente competir con los canales oficiales en el rubro de información y documentación sea por el universo de cobertura de las noticias, sea por la infraestructura superior que todavía mantiene, aunque la distancia es cada vez menor. Algunos corresponsales comparan y presagian que nuevos cambios se avecinan en la tv sueca.

De regreso a Bolivia no es que la tv oficial tenga mayor audiencia que la comercial o mayor influencia, aunque debido a los medios (mayor número de repetidoras, mayores recursos, mayor número de funcionarios) la primera tiene mayor cobertura de lejos que la comercial, aunque la utiliza hábilmente por ejemplo en la trasmisión de eventos deportivos altamente comercializados, trasmitidos por el canal oficial, en beneficio de los productores que alquilan espacios mermando ingresos a la caja de Canal 7. Lo propio habría que decir en cuanto a calidad técnica y a la potencialidad de trasmitir, retrasmitir, encadenar, etc., acontecimientos internacionales. Lo peligroso es el uso demagógico de los contenidos al mejor estilo nazi, habida cuenta de la relativa ignorancia justamente de nuevos segmentos de audiencia que creen a pie juntillas lo que dice la tv.

En lugar de entregar todo el paquete a un Consejo de Ministros que tenga la real posibilidad de manipular en favor del partido de Gobierno toda la programación y los recursos de la tv del Estado, se debería avanzar en el tiempo y la ecuanimidad y permitir que otras fuerzas trabajadores, empresarios, grupos religiosos y escritores y artistas tuvieran cabida y podrían enriquecer en lugar de empobrecer los contenidos. Por la senda elegida se echa por tierra el principio de libertad de expresión, que tanto le ha costado al pueblo boliviano. Por lo demás día llegará de democratizar y poner al real servicio del Estado la Radio y la Televisión.

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