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domingo, 31 de enero de 2010

vale como reflexión. vale como historia. y vale como patética historia de vanagloria y triunfalismo. Muy bien Humberto Vacaflor


León Felipe compuso uno de los mejores alegatos contra la inmortalidad y también contra la longevidad, en un poema titulado “Qué pena”. Lo menciono porque acabo de visitar a Líber Forti, mi amigo del alma, mi maestro, que tiene, entre sus orgullos, un libro dedicado por el poeta anarquista español. Líber está muy delicado de salud.

Dice León Felipe “¡Qué pena si esta vida tuviera —esta vida nuestra— mil años de existencia! ¿Quién la soportaría toda sin protesta?” (Viendo que se repiten) “los mismos hombres, las mismas guerras, los mismos tiranos, las mismas cadenas, los mismos farsantes…”

No he vivido mil años, pero he visto algunos personajes parecidos a los que enumera el poeta. Era el año 1965 y el presidente René Barrientos, después de llevar a los periodistas que cubrían el Palacio Quemado a la región de Cohoni, decidió, sin pensarlo dos veces, junto a una acequia de Río Abajo, de La Paz, proceder a fundar la Segunda República de Bolivia.

Llegamos al lugar al trote. Había entre los presentes una especie de desafío histórico. El periodista Adolfo Ugarte Calvi había sido campeón de la maratón nacional en 1943 y Barrientos lo había sido el siguiente año. Sin haber sido campeones, aunque mucho más jóvenes, el resto los periodistas de la delegación tuvimos que hacer mucho esfuerzo para seguir el ritmo de estos añejos deportistas.

Muy locuaz, como siempre, en idioma quechua y en castellano, el Presidente dijo que con la Alianza militar-campesina y sus deseos de reformar la democracia boliviana, era preciso marcar un punto de partida para la nueva Bolivia. Que en Bolivia se hable de antes de Barrientos y después de Barrientos. El sueño de todos los que quieren fundar imperios. O reinos. Había que señalar el calendario con un hito histórico, que recuerde, para siempre, el paso de Barrientos por el puesto de mando.

No le parecía suficiente la Revolución Restauradora que había propuesto al traicionar a Víctor Paz Estenssoro, y derrocarlo: quería refundar el país, crear la Segunda versión de Bolivia.

La incorporación de los campesinos a la política, después de que habían sido solamente usados por los gobiernos anteriores como pongos políticos, es decir el MNR, justificaba plenamente (todavía no se había filtrado el horrible verbo “ameritar”) la refundación.

La Segunda República debía ser definida, en sus detalles, por los abogados que colaboraban con el gobierno. Él tenía las ideas y los abogados debían ocuparse de ponerlas en negro sobre blanco. Luego vendrían los escribas. Le retórica debía hacerse cargo de la situación.

Después, según me contaron mis amigos, cuando yo estaba viviendo en Roma, Barrientos tuvo una nueva idea, para re-refundar Bolivia, pero Dios le mandó un helicóptero para sacarlo de escena. Los caminos, y las herramientas, que usa Dios para solucionar los problemas de los pueblos son infinitos.

Ahora, el gobierno del presidente Evo Morales ha aprobado un Decreto por el que dispone que en Bolivia se celebren dos fechas de fundación: el 6 de agosto y el 22 de enero, en homenaje a él mismo. La retórica está a cargo de la situación. ¿Qué dirá Dios?

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