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martes, 9 de junio de 2009

ha caído en su propia trampa. Evo ahora se quiere lavar las manos, pero todo lo acusa o "cualquier parecido es mera casualidad"? Centa Reck al punto

Eso suelen decir las historias que hacen referencia a una situación real en la que los personajes no desean ser identificados o en la que se busca mantener en el anonimato algo que podría provocar malestar, denuncias o posibles persecuciones.

A la violencia desencadena en el Perú se le está poniendo el rótulo de “toda similitud es mera casualidad”, aunque nos trae a la memoria las revueltas que se dieron en Bolivia ene Febrero de 2003 y que desembocaron en octubre con la salida de Gonzalo Sánches de Lozada, quien cercado por los levantamientos, bloqueos y enfrentamientos con pérdidas de vidas humanas terminó por abdicar al gobierno.

Las estrategias y los métodos son los mismos y no es del todo casual que la misma técnica- chavista se esté replicando por todo el continente.

La actual situación de conflicto que se vive hoy en Perú, que se encuentra en un momento de auge económico pero que no se ha librado de confrontar un episodio de grave violencia, como es el último incidente en el que dirigentes campesinos peruanos degollaron policías provocando un grave episodio que está teniendo repercusiones internacionales, en la medida en que además de Hugo Chávez, Evo Moralesha sido acusado por parlamentarios peruanos y por el propio Presidente del Perú de haber promovido eincentivado la rebelión, situación de la que los peruanos dicen tener las pruebas correspondientes.

El presidente Alan García habló de “una conspiración en marcha”, mientras el congresista Luis Gonzales Posada demandó investigar una presunta "conexión boliviana" en los actos de violencia que se dieron en Bagua provocados por un grupo de nativos que según estas denuncias habrían sido incitados a la rebelión por el presidente Evo Morales, quien habría planteado en una nota: “Nuestra lucha no termina, de la resistencia pasamos a la rebelión y de la rebelión a la revolución, este es el momento de la segunda y definitiva independencia.”

Los antecedentes que llaman la atención, son los reiterados impases que ha sostenido el presidente boliviano con su homologo peruano, con quien permanentemente ha mantenido una relación de provocación y de muestras de hostilidad, pasando incluso por los limites del respeto que los mandatarios deben mantener entre si, pues incluso se ha llegado a hacer referencia al estado físico de Alan García, utilizándose todos los elementos para mostrar una descalificación a la gestión de García y a su actitud proclive a sostener a su país en reglas liberales de mercado que le han dado además un optimo resultado en cuanto a crecimiento económico de su país.

Sin duda todo parece apuntar a que en Perú se gesta una rebelión que recuerda a febrero y octubre negro en Bolivia y tampoco se puede negar que las relaciones entre ambos países se encuentran en una situación de tensión que puede desencadenar en un conflicto de graves repercusiones diplomáticas.

No obstante, en esferas del gobierno se sigue repitiendo de manera categórica que toda similitud de este caso con la realidad boliviana es mera coincidencia.

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