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miércoles, 3 de junio de 2009

los transportistas pertenecen a un sector muy conflictuado de la sociedad laboral boliviana, de ahí porqué se ve bien su ingreso al régimen jubilatori


Seguro Social para Transportistas

Mauricio Aira

Se trata de una asignatura pendiente en la legislación social boliviana porque nunca hubo un intento serio de introducir al gremio bajo el régimen del seguro social que incluye como algo vital e imprescindible la pensión de vejez o jubilación.

De los tiempos en que ejercíamos la dirigencia cívica voluntaria en la ciudad de Cochabamba viene la materia prima para esta reflexión. Las organizaciones empresariales, gremiales, laborales veían a los choferes como un grupo sin gremio. La Central Obrera los consideraba empresarios, los empresarios asalariados y así, rechazados por los demás durante decenios fueron “los amarillos” del movimiento sindical, nunca o rara vez secundaron un paro, cuántas veces se pusieron al frente de los trabajadores y generalmente lograban alinearse con el oficialismo del que obtenían beneficios y canonjías, especialmente en el largo período de regímenes de facto de 1965 a 1983 y “cogobernaron con Torres, con Bánzer, como lo habían hecho con Barrientos y con Obando”.

Para obrar con justicia hay que dividir el numeroso gremio de transportistas entre los que son propietarios de la herramienta de trabajo como le llaman a su vehículo y los que son asalariados. Los primeros si se trata de buses o camiones son poco menos que “capitalistas” mientras que los dueños de vehículos menores rapiditos o taxis son “proletarios” queda el grupo de “choferes profesionales” que ofrecen sus servicios en la amplia gama del transporte público, privado local y/o nacional. En todo caso, ha llegado la hora de ordenar su aporte al fondo social y que lo mismo que otros sectores los transportistas puedan beneficiarse del seguro social y merezcan jubilarse en las mismas condiciones que los demás ciudadanos.

No exentos de razón la ciudadanía ha tratado, trata mal a los transportistas tildándolos de abusivos, malcriados y otros epítetos que hacen ver lo desprestigiada que está la profesión, sin embargo de existir entre ellos gente honrada, no dada al alcohol y considerada  para con la masa de pueblo que transporta en sus motorizados. No en vano, en países como Suecia se exige de los choferes un mínimo de conocimientos técnicos y profesionales y de trato humano, un nivel de presentación personal y uniformes que los dignifican y en cierto modo elevan el trato de recíproco respeto. Resulta tan notoria la diferencia de choferes de un país a otro, que muchos lo toman como un índice marcador del grado de cultura y desarrollo de una comunidad. Hace pocas horas un diario colega destacaba que los choferes trabajan más horas que un obrero normal, que su labor no está libre de accidentes fatales, especialmente al influjo de bebidas alcohólicas, pero también por falta de seguridad en los vehículos y en la infraestructura viaria.

Que las esposas y los hijos menores acompañen al conductor especialmente de camiones y en largas distancias es común, aspecto que debería reglamentarse salvaguardando la vida y salud de seres humanos que no tienen porqué someterse a riesgos innecesarios.

Por razones solidarias y de “federalización” (pertenencia a una organización gremial) el sector ha venido cobrando fuerza para pelear por el mercado de pasajeros o de carga, por el buen estado de vías y carreteras por las que se mueven, por la disciplina tanto en los horarios como en la prestación de servicio extraordinario, por las noches, los días feriados, las horas de descanso para los demás, el transporte no se detiene, es de acción permanente y continuada. Imposible dejar de mencionar la lucha aparte que libra el transporte con policías del sector, sea para mantener el orden y las reglas de movilización sujetas a los reglamentos, sea en el ordenamiento vehicular y como garantes de su profesionalismo, para la seguridad de pasajeros y transeúntes.

Se puede ver con buenos ojos, que aunque algo tarde los transportistas se empeñan en crear un fondo para la jubilación que debería engrosar los que sin duda existen de larga data en el sistema de seguridad social. Los recursos faltantes se recaudarán por sumas asignadas al peaje y al consumo del gas natural como combustible.

La ciudadanía es exigente con los transportistas. Les pide puntualidad, seguridad incluso física dentro del vehículo por la frecuencia de la criminalidad y fuera del mismo para evitar accidentes. Buen trato y hasta cordialidad. La relación ciudadano transportista debería ser materia de estudio en los programas de educación si se desea avanzar en las normas de convivencia de toda comunidad.

1 comentario:

blog de Mauricio Aira dijo...

Roberto Laserna nos ha enviado un acertadísimo comentario al artículo precedente que lo comentaremos a nuestro turno más adelante. lo central es que los choferes cumplan la Ley y hagan sus aportes a los Fondos de Pensiones como todos los demás, sin necesidad de crear un fondo que podría ser fácilmente presa de la corrupción, por un falso control social. M. Aira